Timoteo Pérez Rubio y el Museo del Prado, historia de un deber cumplido

Este año estamos de aniversario. El Museo Nacional del Prado, una de las pinacotecas más importantes del mundo cumple 200 años. El que fuera primero Real Museo de Pintura y Escultura, que en 1868 pasó a denominarse Museo Nacional de Pintura y Escultura y después Museo Nacional del Prado, abría sus puertas un 19 de noviembre de 1819. Las colecciones que con el tiempo se habían ido conformando, principalmente en torno a los círculos del poder real, pudieron ser admiradas ya por el público general. Casi al mismo tiempo que se dejaba atrás el Antiguo Régimen y se daba paso al Estado Liberal.

Es curioso observar que el Museo Nacional del Prado, con el paso del tiempo, ha terminado convirtiéndose en una de las principales instituciones culturales de referencia entre los españoles. Es así que podríamos atrevernos a decir, que pocas instituciones  como el Museo del Prado, albergan un espacio tan amplio de estima y consenso. Con más valor si cabe a tenor de la escasez de puntos de encuentro, tanto en los temas urgentes como importantes, de una sociedad cada vez más compleja.

Las colecciones que alberga el Museo del Prado, tal vez representan la mejor contribución que la historia de nuestro país ha hecho al mundo, pero sin duda, también son los cimientos sólidos que nos pueden ayudar a seguir progresando. Avanzar en las tareas de conservación, puesta en valor y adaptación a los grandes desafíos de nuestro tiempo. En esta dirección se ha diseñado el programa oficial de celebración del Bicentenario: “reflexionando sobre su historia  pero con la vista puesta en el futuro”.

Una de las salas del Museo del Prado

Este año el Museo fue galardonado con una de las mayores distinciones que se otorgan en nuestro país, el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. Me gustaría realizar aquí un paréntesis y citar literalmente unas palabras del discurso de Javier Solana, presente en el acto de entrega de los premios en calidad de presidente del Patronato del Museo: Decía Ramón Gaya, pintor que vivió el exilio, que el Prado visto en la distancia “no se presenta nunca como un museo sino como una especie de patria”, entendiendo este término no como una limitación de fronteras  sino como un lugar capaz de cobijar el alma humana.

Al mencionarse en este punto del discurso el exilio, se me hizo inevitable recordar también a otro pintor, también exiliado. Tal vez algo menos conocido, pero que se ganó por derecho propio figurar en las páginas más importantes de la historia contemporánea del Museo. Me estoy refiriendo a Timoteo Pérez Rubio, pintor nacido el 24 de enero de 1896 en Oliva de la Frontera (Badajoz) y que el destino colocaría en abril de 1937 al frente de  Junta Central y las Juntas delegadas del Tesoro Artístico, que desempeñarían la función titánica de salvaguardar y evacuar las obras del Prado, así como de otras instituciones que estuvieron en peligro durante la Guerra Civil Española.

Timoteo Pérez Rubio en 1936

Timoteo Pérez Rubio desde pequeño mostró buenas aptitudes artísticas, se formó primero en la Escuela de Artes y Oficios de Badajoz, gracias a una beca concedida por el Ayuntamiento de su pueblo natal. Más tarde en 1915, pudo ingresar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, becado esta vez por la Diputación de Badajoz. Entre 1917 y 1918 obtuvo junto con José Frau, Gregorio Prieto y Joaquín Valverde la beca de paisajista para el Monasterio del Paular.  En 1921 ganó por oposición la pensión de la Academia Española en Roma donde se instaló una vez que contrajo matrimonio con la escritora Rosa Chacel.

Paisaje con animales, obra de Timoteo Pérez Rubio
Paisaje con animales, obra de Timoteo Pérez Rubio

Desde muy temprano la pintura de Timoteo Pérez Rubio integró los movimientos de vanguardia y renovación de la plástica del momento. En 1930 fue galardonado con la Segunda Medalla en la Exposición Nacional Bellas Artes con la obra Paisaje con Animales. Obtendría la Medalla de Oro en 1932 con la obra Paisaje de Normandía. Si bien la trayectoria de reconocimiento artístico de Pérez Rubio iba fraguando, fue nombrado en 1933  por el Gobierno de la República Subdirector del Museo Español de Arte Moderno y se integró en la Segunda Sociedad de Artistas Ibéricos (SAI), aunque la Guerra Civil terminaría truncando su carrera.

Paisaje de Normandía, obra de Timoteo Pérez Rubio
Paisaje de Normandía, obra de Timoteo Pérez Rubio

A partir de 1937 es nombrado presidente de la Junta Central del Tesoro Artístico Nacional, dependiente a su vez del Consejo Central de Archivos, Bibliotecas y Tesoro Artístico. Encargado de que todo el patrimonio evacuado durante la Guerra Civil se preservara íntegro y sin peligro. Actividad a la que se entregó con un gran sentido de responsabilidad, hasta  asegurarse de que al final las obras se depositaban sin riesgo alguno en el palacio de la Sociedad de Naciones bajo la custodia de su secretario general por aquel entonces, Joseph Avenol.

Las Meninas de Velázquez en el Colegio del Patriarca de Valencia. El Sr. Kenyon (ex director del British Musuem) y el Sr. Mann (Conservador de la Wallace Collection), acompañados de miebros de la Junta Central del Tesoro Artístico. Timoteo Pérez Rubio es segundo por la derecha. Agosto de 1937. Biblioteca Nacional, Madrid

Con el objetivo de rendir homenaje a las personas que empeñaron sus desvelos en esta difícil tarea, se organizó en 2003 una interesante exposición en el Museo Nacional del Prado titulada Arte Protegido, comisariada por Judith Ara, Subdirectora de Conservación Adjunta del Museo, e Isabel Argerich, responsable de la Fototeca de Información Artística y del Archivo Moreno (IPHE). Para ilustrar el periplo del patrimonio español durante este periodo, también es reveladora la película documental de 2004, Las cajas españolas dirigida por Alberto Porlan.

Timoteo Pérez Rubio partió en 1940 hacia el exilio en Brasil, vino a España en 1974 para inaugurar su exposición Retratos del Jardín organizada en la sede de la Biblioteca Nacional. Pero retornaría de nuevo a Brasil, donde falleció en su residencia de Valença el 8 de agosto de 1977, a los 81 años de edad. Con toda seguridad hoy se sentiría orgulloso de este aniversario, porque con sus hechos hizo patria, aun a riesgo de perderla para siempre. Porque recordemos, como dijo Ramón Gaya: el Prado visto en la distancia “no se presenta nunca como un museo sino como una especie de patria” y “bien valió más que la Monarquía y la República juntas” (Manuel Azaña).

Bibliografía:

BONET CORREA, Antonio, et. al., 2009. La luce venuta da Roma. Artistas Extremeños Becados en la Real Academia de España en Roma. Badajoz: Consejería de Cultura y Turismo, Junta de Extremadura. 

CHACEL, Rosa, 1980. Timoteo Pérez Rubio y sus retratos del jardín. Madrid: Cátedra.

 LAS CAJAS ESPAÑOLAS, 2004 [Película documental]. Dirigida por Alberto Porlan. España: Drop a Star

LEBRATO FUENTES, Francisco, 1976. Pérez Rubio en su pintura. Badajoz: Institución Pedro de Valencia.

 MUSEO NACIONAL DEL PRADO, 2019. [en línea]. [consulta: 1/12/2019] Disponible en: https://www.museodelprado.es/bicentenario

PIZARRO GÓMEZ, Francisco Javier, 1998. Timoteo Pérez Rubio. Diputación de Badajoz: Departamento de Publicaciones.

SOLANA, Javier, 2019. “Discurso premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades”. En Premios Princesa de Asturias. Lugar: Teatro Campoamor, Oviedo [consulta: 18/10/2019] Disponible en: Fundación Princesa de Asturias. https://www.fpa.es/multimedia-es/videos/discurso-de-javier-solana-en-la-ceremonia-de-2019.html?idCategoria=3&idSubcategoria=10


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