Arte

Richard Hamilton, “an Exhibit” en el Reina Sofía

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@jorgewearsPrada

La tercera planta del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía alberga durante estos meses una de las exposiciones más ambiciosas que ha llevado a cabo el museo, con permiso de la retrospectiva dedicada a Salvador Dalí el año pasado.

La muestra sobre Richard Hamilton (1922-2011) es un viaje a través de toda su vida artística, desde sus comienzos allá por la década de 1940 en la Slade School of Fine Arts of London (cuando realizó la serie Variations on the theme of a Reaper, grabados con cierta estética dadaísta que muestran su interés por lo mecánico y científico) hasta sus últimas obras en las que se denota la influencia de los relatos de Balzac y, de nuevo, el arte dadaísta de Duchamp. Resulta curioso y también fascinante que la producción artística de Richard Hamilton sea una especie de círculo que comienza y finaliza de la mano del dadaísmo.

Just what is it that made yesterday's homes so different, so appealing? (Richard Hamilton, 1956)

Just what is it that made yesterday’s homes so different, so appealing? (Richard Hamilton, 1956)

Pero en el resto del círculo encontramos otras obras y una originalidad desbordante que le llevó a ser uno de los padres de la considerada última vanguardia artística: el pop art. Su obra Just what is it that made yesterday’s homes so different, so appealing? (1956) marcó el punto de inicio del arte pop británico. Y aunque sus obras son más objetivas y sobrias, alejándose de la superficialidad que podemos ver en Warhol o Lichtenstein, Hamilton fue quien detalló las características de este movimiento: el pop art es popular, transitorio, prescindible, de bajo coste, producido en masa, joven, ingenioso, sexy, efectista, glamuroso y un gran negocio (Pop Art is: popular, transient, expendable, low-cost, mass-produced, young, witty, sexy, gimmicky, glamorous, and Big Business).

Una de las obras que más llama la atención es la instalación The funhouse, creada junto a otros artistas para la exposición This is tomorrow (1956), en la cual observamos imágenes procedentes del cine, la ciencia ficción y la publicidad, a las cuales añadieron diversos estímulos sensoriales como micrófonos y vídeos.

Dejando a un lado el pop art, Richard Hamilton trabajó incansablemente jugando con los límites de la representación, ampliando detalles fotográficos, aplicando pintura sobre los mismos y creando una distorsión de la imagen que le acercan a la más pura abstracción. Este método lo utilizó tanto para retratos (en los que también utilizó la instanteneidad de las cámaras Polariod, siendo fotografiado por diferentes artistas, entre ellos Francis Bacon; y el collage a través de imágenes de modelos) como para interiores de cualquier naturaleza, representó su propia época e indagó sobre el placer visual y sobre la confusión entre la persona y su representación orientada al consumo mediante la figura de Marilyn Monroe.

My Marilyn (1965)

My Marilyn (1965)

 

Hamilton criticó el consumismo asociado al fenómeno de masas realizando obras en las que cambiaba el logotipo de alguna marca conocida por su propio nombre o apellido. Atacó la sentimentalidad barata y el mundo glamuroso mediante una serie de trabajos en los que, partiendo de unas postales de la localidad francesa de Miers, unió la estética floral de las mismas junto modelos en cuclillas sin ningún recato y mucha provocación. Y, como era de esperar, no podían faltar en su arte las imágenes de protesta, con las cuales denunció la indiferencia de los medios de comunicación y el espectador ante lo que ocurría en el mundo y veían o leían a través de la pantalla de televisión o los periódicos.

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Los últimos trabajos de Richard Hamilton son una continuidad de todo lo anterior, no hay una sensación de cierre (salvo por la influencia dadaísta); él siguió creando o modificando la naturaleza original de las imágenes mediante nuevos elementos añadidos, a lo que hay que sumar las obras en las que crea una especie de genealogía artística al introducir en los desnudos los retratos de Poussin, Coubert y Ticiano, algunos de los maestros que constantemente innovaron la práctica de la pintura. De esta forma finaliza una exposición imprescindible en la que no sólo importa el resultado final, sino todo lo anterior, pues la obra de Richar Hamilton es un proceso creativo sin igual, en el que cada paso es primordial para la obra que finalmente vemos.

Self-portrait 13.7.80 a (1990)

Self-portrait 13.7.80 a (1990)

Más información: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

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