Literatura

Ana María Matute, una vida de papel

By  |  0 Comments

@jorgewearsPrada

“El que no inventa, no vive.” Y Ana María Matute (Barcelona, 1925) ha vivido mucho aunque ahora nos duela su desaparición; siempre inventando historias fascinantes que cautivan a un sin fin de lectores dentro y fuera de España.

La escritora falleció ayer en su ciudad natal tras sufrir una crisis cardiorrespiratoria, aunque su incansable pluma continuó trabajando hasta el último instante. Su nueva novela, ahora ya póstuma, verá la luz el próximo septiembre bajo el título “Demonios familiares”, quizás el mejor colofón a una vida dedicada por completo a la literatura.

Desde sus comienzos, Ana María Matute demostró haber nacido para la escritura. Siendo pequeña escribió relatos y cuentos (algunos incluso ilustrados por ella misma) en los que demostró tener una imaginación desbordante que no la abandonó jamás. Contaba con 17 años cuando escribió “Pequeño teatro”, su primera novela escrita pero no publicada hasta muchos años después y galardonada con el Premio Planeta (1954). Aunque éste no ha sido el único reconocimiento a su prosa: fue finalista del Premio Nadal con su obra “Los Abel” (1948) y lo ganó once años después con “Primera memoria”, primera entrega de su trilogía “Los mercaderes”, a la que seguirían “Los soldados lloran de noche” (1963), galardonado con el Premio Fastenrath, y “La trampa” (1969). Además, Ana Maria Matute recibió el Premio Nacional de Narrativa en 1959 por “Los hijos muertos”, el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por “Sólo un pie descalzo” (1984) y numerosos premios más en reconocimiento a todo el conjunto de su obra, como el Premio Nacional de las Letras Españolas (2007) o el Premio Cervantes en el año 2010, máximo galardón de la literatura española.

url-1

Su fallecimiento, a un mes de cumplir los 89 años, no sólo deja al mundo de la cultura sin una de sus autoras más importantes y conocidas; también deja vacío el sillón K de la Real Academia Española de la Lengua, asiento que se le otorgó en 1996, aunque no sería hasta dos años más tarde cuando ingresó, pronunciando un discurso, “En el bosque”, impregnado de su estilo propio y fantasioso.

Su producción literaria puede entenderse esencialmente realista, pero la inclusión de elementos fantasiosos, a veces casi surrealistas, denota un estilo muy personal y propio, en el que la historia parece estar contada, en ocasiones, a través de los ojos de una niña. Ana María Matute vivió una infancia controvertida marcada por la Guerra Civil (1936-39), de ahí que lo que nos muestra en sus palabras sea una infancia más de sombras que de luces.

Pero no sólo la infancia ocupa las hojas de sus novelas, también lo hacen la adolescencia y el paso hacia la madurez o las relaciones personales, familiares, sociales o políticas, sobre las cuales Ana María Matute también ha tenido mucho que decir. Aunque no le gustaba hablar de política, ella siempre se sintió de izquierdas, aunque no comulgaba con ningún partido político, pues su mayor anhelo era el de justicia. Otro aspecto que marcó su obra fue su problemático matrimonio con otro escritor, Eugenio de Goicoechea, al que siguió una dolorosa separación al no poder ver a su único hijo más que un día a la semana. Cuando obtuvo la custodia, decidió irse a Estados Unidos como lectora en algunas de la universidades más prestigiosas del país.

A lo largo de su carrera, Ana María Matute ha sabido superarse una y otra vez tanto en lo personal como en lo literario. No sólo las novelas que iba publicando cosechaban un éxito mayor del esperado, también fue capaz de superar una profunda depresión que la mantuvo alejada de las letras demasiado tiempo. Y fue la literatura su salvadora, quien hizo que remontara poco a poco. “La literatura ha sido, y es, faro salvador de muchas de mis tormentas” dijo al recoger el premio Cervantes. Su ingreso en la RAE, pero sobre todo la publicación de “Olvidado Rey Gudú” (1996), cuento de hadas que acabó por convertirse en su obra de más éxito, la volvieron a situar en primera línea.

Desde entonces, nada ha impedido que Ana María Matute continuara escribiendo, ni siquiera los achaques propios de la edad la han alejado de la escritura. Y ha sabido mantenerse fiel a sí misma, ofreciendo obras fantásticas, como “Paraíso inhabitado” (2009), que vuelven a mostrar una vez más el universo lírico y comprometido, en el que se muestra la complejidad del ser humano, que hay en sus palabras. Sólo queda agradecer a “la niña del pelo blanco”, como la solían llamar, todo lo que nos ha regalado con su prosa.

Matute foto Cervantes

Comentarios

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>