Arte

Dalí, 25 años sin el Genio

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@jorgewearsPrada

No erraba la canción de Mecano al decir eso de ”los genios no deben morir”. El pasado jueves se cumplía el veinticinco aniversario del fallecimiento de Salvador Dalí. Veinticinco años desde que la luz del genio surrealista se apagara y nos dejara.

Dalí fue el surrealista por excelencia: no sólo pintó cuadros, sino que hizo de este movimiento artístico una forma de vida que explotó al máximo. No adoptaba un punto de vista surrealista únicamente a la hora de dar pinceladas sobre el lienzo; observaba el mundo con ojos surrealistas: una barra de pan se convertía en el perfecto tocado para el pelo o un bogavante hacía las veces de auricular para el teléfono, a la vez que los labios de la actriz Mae West se convertían en un cómodo y bonito sofá.

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Teléfono-bogavante (Teléfono afrodisiáco), 1936

Dalí fue más que un pintor, siempre tenía presente esta idea, y acabó convirtiéndose en una obra de arte en sí mismo. Políticamente incorrecto -hacía lo que le daba la gana-, está considerado uno de los teóricos de la modernidad, padre directo de las segundas vanguardias y todo lo que viene detrás.

Incluso rompió los esquemas del propio surrealismo. Su método paranoico-crítico revolucionó el ya de por sí revolucionario surrealismo, estilo artístico que, en mi opinión, supuso la culminación de las vanguardias históricas del siglo XX. Se han dado otras corrientes bajo el nombre de neosurrealismo, pero como aquél ninguno.

No es de extrañar que Dalí afirmara “el surrealismo soy yo” cuando André Breton le expulsó del grupo. Y no estaba equivocado con esta frase. Pero no por ello quiero dejar en mal lugar a otros artistas surrealistas igual de excepcionales. Es más, opino que quizás se sobrevalore demasiado la figura de Salvador Dalí, lo que deja fuera de juego a otros artistas del movimiento. Y eso es algo que debemos corregir. Dalí fue un genio, pero no podemos olvidarnos de los otros muchos que hubo dentro del surrealismo, por mucho que la estela daliniana eclipse a cualquiera.

Estela que nos llega hasta la actualidad, en la que Dalí sigue estando presente en acontecimientos culturales y en la mente de las personas que disfrutan de su arte o con el arte en general. Quizá por eso Salvador Dalí aún siga vivo, aunque viva a través del inmejorable legado que nos dejó: cuadros, dibujos, fotografías, objetos, escritos, esculturas, diseños (es el creador del logo de Chupa Chups que conocemos hoy en día), decorados teatrales y cinematográficos, películas (“Un perro andaluz”, 1927), publicidad, televisión… La lista es casi interminable.

Escena de "Recuerda" (Alfred Hitchcock, 1945)

Escena de “Recuerda” (Alfred Hitchcock, 1945)

El año pasado pudimos contemplar una de las mayores y mejores retrospectivas sobre Salvador Dalí nunca vistas, con éxito de público incluido, que tuvo lugar en el Museo Reina Sofía de Madrid. Bajo el nombre de “Todas las sugestiones poéticas y todas las posibilidades plásticas”, la exposición contaba con más de doscientas obras del artista de todos los ámbitos, y suponía un recorrido por la trayectoria artística del figuerense que permitía descubrir a un artista capaz de generar un arte rebelde que explora los límites de la conciencia y de las experiencias humanas.

La exposición, que ahora mismo se encuentra en el Centre Pompidou de París, también nos descubre una de las obras menos conocidas de Dalí. Se trata del cortometraje de animación que inició junto a Walt Disney allá por 1946. No obstante, el proyecto fue abandonado debido a los problemas financieros del estudio y no fue fue hasta casi sesenta años después cuando se rescató de los cajones y se finalizó. Lástima que ninguno de los dos pudiera llegar a verlo en los cines.

“Destino” es el título del corto, nominado al premio Oscar en 2003, y una de las piezas audiovisuales más llamativas de todos los tiempos. La música para el mismo fue compuesta por el mexicano Armando Domínguez e interpretada por Dora Luz, una voz grave y entrañable. “Destino” nos permite contemplar no sólo el universo surrealista de Salvador Dalí, sino también la magia de la animación de Walt Disney, que juntos conforman un cortometraje único. Supongo que esto sucede al juntar a dos genios.

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