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¿Por qué debe gustarme el Festival de Eurovisión?

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@IsaacUE

La respuesta a la pregunta sería: ¿por qué no? El Festival de la Canción de Eurovisión nace un 24 de marzo de 1956 para unir a los países del viejo continente en un programa de televisión que mostrase una pequeña parte de cada uno de ellos.

Desde los primeros años hasta nuestros días, el certamen, ha ido evolucionando según los cambios que ha experimentado el mundo, llegando a convertirse en el programa de televisión más longevo y con mayor número de telespectadores del planeta.

Al escuchar la palabra “Eurovisión”, la gente en nuestro país habla de política y caspa, y ese es el gran error del desconocimiento eurovisivo. Eurovisión es cultura, música, arte, geografía, historia… Eurovisión es un abanico internacional para vender la marca de un país al resto del mundo. Una mínima inversión para los beneficios que se obtienen de su participación.

Leopoldo González-Echenique, director de RTVE habló recientemente sobre la rentabilidad del Festival de Eurovisión. La corporación pública apunta a que los costes son menores al beneficio recibido, e incluso, que se pueden reducir: “En el año 2009 el coste ascendió a 338.960,21 €, sin IVA. En el 2010 ascendía a 383.384,65 €, pagando ya un 18% de IVA. En el año 2011 el coste alcanzó los 419.829,87 euros con un 18% de IVA. En el 2012 el coste subió a 427.613,99 € con un 21% de IVA. Y este año 2013, pagando el mismo IVA del 21%, el coste se ha reducido a 398.615,93 €, siguiendo con la línea de austeridad de la corporación”. Además, destacó el “patrocinio cultural” que ayudo a este abaratamiento como punto importante de continuidad en futuras ediciones.

España participa en el certamen, ininterrumpidamente, desde 1961 y ha ganado en dos ocasiones, consecutivas: en 1968 con el mítico La La La de Massiel, y en 1969, en un cuádruple e histórico empate, con el Vivo Cantando de Salomé.  Y aunque en tantos años dos victorias saben a muy poco, hemos rozado los primeros puestos de la clasificación en más de una veintena de ocasiones. Cierto es que otras tantas no nos ha ido tan bien pero… ¿Y lo igualmente emocionante que es ? ¿Y todo lo que nos aporta y enriquece el Festival? ¡Compensa!

En nuestro país los hay que ven el Festival como un gasto e ir a hacer el mamarracho, ¡qué en ocasiones lo hemos hecho oiga!, no voy a decir yo lo contrario, pero lo que aquí vemos como una “pérdida de tiempo” en otros países lo ven como una inversión que reporta infinidad de beneficios, publicidad y turismo para el país. Además, los artistas consagrados compiten entre ellos por enviar la mejor propuesta y ser elegidos para llevar el honor de representar a su país mejorando, casi siempre, su carrera musical  a niveles insospechados, y sino que se lo pregunten a la sueca Loreen, quien aún vive con Euphoria su histórica hazaña de 2012, por no remontarnos hasta 1974 para seguir cantando, casi 40 años después, el Waterloo de ABBA.

Nosotros, como con la selección nacional de fútbol: ¡Podemos! Sólo hay que querer demostrar lo que realmente ven los demás, porque a menudo “no hay más ciego que el que no quiere ver”. RTVE tiene un producto que no acaba de potenciar como debiera y el público le responde anualmente con audiencias magníficas que colocan el sábado de Eurovisión como uno de los 10 programas más vistos de todo el año en nuestra televisión.  Sólo hay que saber cómo hacer las cosas y mirar cómo las hacen el resto de países. Tomar nota y aprender, o seguir por los caminos que funcionaron: la era OT o la maravillosa Pastora Soler y su Quédate Conmigo, como ejemplos recientes del quiero pero al final, no puedo.

También me gustaría hablar sobre las votaciones y las típicas frases: “estos se votan por vecinos, todo es política, está amañando…”. Queridos lectores, el Festival de Eurovisión, siempre, al final, lo gana la canción a la que todos los países, sin a penas excepción, han votado. Es lógico que Grecia y Chipre, por poner un ejemplo, se voten mutuamente, y no por política, sino por afinidad cultural. Si comparto mercado musical, historia y gustos es más lógico que, al final, la propuesta de ese país me guste más que cualquier otra. Por eso, al final, levanto el teléfono o envío un SMS por ellos antes que por otros. Al margen de eso, de la afinidad cultural, si hay una canción que me conquiste y me llame la atención, aunque sea del norte o el este de Europa, también la votaré.

¿Por qué debe gustarme el Festival de Eurovisión? Por su historia, por su cultura, por su música, por su entretenimiento, porque es bueno para el país, porque es enriquecedor para la persona, porque tenemos una televisión que si quiere ¡puede! Y porque tres noches al año, Europa entera se sienta frente al televisor y disfruta del mayor de los conciertos, espectáculos y programas de televisión que tenemos. Porque Eurovisión es “el show favorito de Europa”.

 

Fotografía de portada: Aaron García Photography

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