Arte

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Cuando en pleno siglo XVII existía en Europa un interés en distinguirse a toda costa de los seres humanos que habían vivido en los siglos anteriores, a los que consideraban sustancialmente atrasados, un tal Cristóbal Cellarius -historiador alemán- se inventó el término Edad Moderna. Su objetivo era distinguirse de la vieja, de la Edad Antigua y de la que para ellos era la oscura Edad Media.

ArteYovani02Siglos después, los hombres que entonces poblaban la tierra no podían creerse que ellos estuvieran viviendo la misma era que aquellos que navegaban a vela o que eran gobernados por un rey que había sido elegido por Dios. En ese momento ellos eran la Edad Moderna, los “modernos”, pero no podían usar ese término, ya que Cellarius se les había adelantado, y acuñaron el término de Edad Contemporánea, para definir la época posterior a la Revolución Francesa. Un gran hito histórico, eurocéntrico, pero hito al fin y al cabo.

Hoy en día, nosotros, la generación de hombres y mujeres más preparada de la historia, los que sabemos más, los conocedores del pasado… No concebimos que estemos viviendo la misma época que los bárbaros que cortaban cabezas en guillotinas o se comunicaban con telégrafo y no con un smartphone. Ahora hablamos de Post-Modernismo. Lo que está aún más alla de lo moderno. Aunque es un término no acuñado por todos los estudiosos. La era postmoderna se distingue por una vida no dualista, es decir, apuesta por la diversidad huyendo del planteamiento de la vida como un juego de conceptos duales: Hombre-Mujer, Negro-Blanco, Bien-Mal…

Es una época además en la que se cuestiona todo, ya que hay conciencia de que no existe una verdad única, la Verdad Universal, sino que cada contexto, cada situación puede sugerir varias verdades, todas ellas perfectamente válidas.

En nuestra vida cotidiana hemos adoptado ese modo de pensar de forma automática, sin que nos resulte del todo extraño. Sin embargo, en el arte, un campo donde las ideas postmodernas han seguido un gran desarrollo, no lo aceptamos de la misma forma. Una de las preguntas más formulada en un llamado museo de arte contemporáneo es “¿Y esto es arte?” Seguido de: “¿Pero y esta obra cuánto vale?” No somos capaces de concebir el arte fuera del mercado, fuera de los precios, algo que, algunos autores, dicen, es otra característica de la Postmodernidad.

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A la pregunta qué es arte, yo suelo contestar, sin ningún tipo de criterio científico pero con toda la validez del mundo -al menos para mí-, que arte es toda aquella manifestación voluntaria de un ser humano con el fin de expresar un sentimiento. Seguramente se encuentren muchas lagunas a esta definición, pero suele servir.

El arte es lo que ha hecho que el ser humano haya sobrevivido tantos años como especie dominante, evidentemente, porque está también muy unido a la mente, al cerebro humano. Podría establecer una analogía de para qué se ha utilizado el arte en el pasado -fin religioso, didáctico, ostentación del poder…- pero no tendría sentido, ya que, el arte como concepto es un término moderno. Ni el artesano que esculpió el pórtico de la Gloria en Santiago de Compostela se consideraba a sí mismo un escultor -y menos un artista-, ni el hombre o la mujer de las cavernas que pintaron los bisontes de Altamira lo hicieron para enriquecerse o para ser considerados mejor que el resto de su grupo.

ArteYovani03Por esa razón, no tiene sentido compararles con por ejemplo, Robert Rauschenberg o James Rosenquist, artistas del siglo XX. Y si no les comparamos, ¿por qué a veces comparamos una obra de arte contemporáneo con una obra del pasado? “Velázquez sí que era un artista y no el Kandinsky ese”. No creo que nadie esté capacitado para dotar a una persona de la categoría de artista. Ni tampoco, para poner precio a una expresión artística, dicho sea de paso.

Entonces, como meros observadores, ¿qué podemos decir? Es sencillo. Si nos gusta o no la obra que vemos. Ahí ya entra el factor subjetivo, que ninguno podemos controlar. Bien sea por razones estéticas o porque alguna obra nos haya removido por dentro o incluso nos haya enfadado, podremos decididr si esa obra nos gusta o no.

Por eso, ciudadanos, consumidores de arte, aficionados, enamorados o expertos del arte, el truco está en observar y disfrutar el arte, en poder pararnos a admirar una obra, a dejar que nos haga sentir algo. ¿Y si no lo consigue? Fácil. Pasemos a la siguiente.

Ilustraciones: Yovani Boza.

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